De errores y horrores
Ayer leí una frase que le adjudicaban a Demichelis y que decía algo así como que en el fútbol se puede ganar, empatar o aprender. Y estoy de acuerdo. Todos los errores que cometemos en la vida, deberían darnos una lección o, por lo menos, hacernos más fuertes. Cuando trabajaba en la empresa de venta directa, nos decían que el sí sirve para ganar plata, pero es el no el que te hace ser mejor. Y algo de todo ésto hay en el liderazgo de Martín Demichelis. Está aprendiendo a ser director técnico en el mejor club del país. Para que quede claro, es como si un pibe que acaba de subir a primera lo llevaran a jugar de titular un mundial. A no ser que sea un fenómeno, lógicamente se va a equivocar. Y acá debemos separar las aguas. Demichelis y su cuerpo técnico no tienen la culpa de estar donde están a pesar de ser novatos. Esa culpa es de quién los puso ahí (Brito, Francescoli, etc). Pero sí tienen la responsabilidad de formarse lo más rápido posible, y de hacerse cargo de los errores. Leí declaraciones del DT culpando de la derrota a los jugadores que, si son ciertas (las fuentes eran creíbles, así que nada me haría pensar que no lo son), indican que se estaría perdiendo el rumbo.
River jugó un mal partido ayer, pero no fue la primera vez. La semana pasada les advertí que la goleada ante Barracas había tapado muchos errores de funcionamiento. Y se jugó mal también en Brasil y en La Paternal. El equipo no tiene una idea definida de juego y los volantazos histríonicos del DT quitan confianza. ¿Qué hizo mal Barco para salir del equipo? ¿Por qué Palavecino juega de volante de contención cuando en el plantel hay otros que podrían hacerlo mejor y acabamos de venir de un mercado de pases? ¿Y Simón puede jugar de cuatro? El Flaco Menotti decía algo así como la heladera en la cocina y el inodoro en el baño.
Tengo el dato de que la relación entre el DT y el plantel no es ni por asomo la ideal, y que hay descontento por ambas partes. Lo que no sé es qué tan quebrada está la relación. En mí opinión, el que debe ceder es el técnico. Es él el que necesita que el equipo lo banque dentro de la cancha (algo que ayer no se vió). Si no, tendrá que dejar que venga otro que pueda encausar el rumbo.
La situación no es fácil. Estando fuera de la Libertadores (sí, que Boca todavía esté complica aún más las cosas) y de la Copa Argentina, este campeonato es vital para River. Por historia y peso específico está obligado a, por lo menos, jugar la final. Pero nadie se imagina como lo va a hacer jugando así.
El partido con Arsenal, otro de los que nos ganó el torneo pasado, se volverá clave para que se calmen las aguas o se pudra todo. El DT no tiene la espalda que muchos creen. Fueron varios los técnicos que ganaron su primer campeonato en el club y luego debieron marcharse por la puerta de atrás. Algunos venían con pergaminos (Pellegrini, Simeone). Otros habían sido grandes jugadores del club (Astrada). River es una picadora de carne que no te da tiempo a nada. Está será una semana para enfriar los paños y planificar muy bien los pasos a seguir. Nadie se puede dar el lujo de repetir ni la actitud, ni los errores de ayer. El partido con Vélez fue un no rotundo. Es de esperar que sirva para que todos comiencen a ser mejores.
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